lunes, 6 de octubre de 2014

In Memoriam



Y de repente el tiempo se detiene. Un segundo, un titular del diario y se para la vida un momento.  Y junto a la tristeza por la pérdida del amigo, llegan los recuerdos, nítidos como si fuera ayer, aunque hayan pasado ya más de 20 años desde la última vez que nos encontramos. 

Memorias de una infancia compartida, de larguísimos veranos enfrascados en partidas de monopoli, de polis y cacos, de balón prisionero... Tardes eternas de momentos contigo y con los hermanos, con los primos, con los amigos que llegaran. 

Recuerdos de carreras y persecuciones, de casas abandonadas en la maleza que se convirtieron en refugios, de escondites,  de peleas de bicis en el frontón, de baños y risas en el depósito,  de aventuras improvisadas, de intercambio de empujones, bichos, meriendas, contraseñas en ocasiones…

Recuerdos de conversaciones sobre una tapia, de algunas excursiones en bici, de risas, de carcajadas, de felicidad infantil… Recuerdos de guiños disimulados  (aprendidos juntos en tardes eternas jugando a las cartas) y de miradas complices cuando bien entrados en la adolescencia nuestros grupos coincidían y se detestaban al instante…

El diario publica tu foto y veo que conservas aún la sonrisa franca y abierta de tu infancia y así, sonriendo como cuando éramos niños,  así es como he decidido recordarte.

Descansa en paz,  Javier, te has ido y te has llevado contigo un trocito de mi infancia, pero seguirás sonriendo, como hacías siempre, en mis recuerdos.

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